Tenlo claro...

La primera vez que traspasó aquella puerta, apenas alcanzaba el metro de estatura. Se quedó en el umbral, aspirando el aroma a magia que desprendía aquella casa. La estancia estaba en penumbra, iluminada únicamente con una luz anaranjada, sin fuente aparente, al menos el pequeño no sabía de donde venía.

Se atrevió a dar un paso, y otro, y otro, hasta que se encontró de frente con la dueña de la casa, la que lo había traído hasta allí. Estás entrando en el mundo de los sueños, el mundo de las artes, el mundo ficticio y real, donde todo se rompe y se regenera de nuevo. Donde todo es infinito. Ahora te lo creerás, pero cuando seas mayor, empezarás a ponerlo en duda.

Los adultos son todos unos ilusos, no saben que la literatura lleva a todas partes.

viernes, 1 de octubre de 2010

La bola de arroz.

Recuerda, toda bola de arroz tiene una ciruela, una ciruela que nadie ve... ¿Que por qué? Porque está en nuestar espalda, nosotros mismos no podemos verla, no es como nuestro ombligo, que basta con mirar hacia abajo para contemplar la única cicatriz con la que nacemos y morimos. Pero que la ciruela no al veamos no signifique que no esté. Claro que no, todo el mundo puede verla....

¿Cuánto pasó desde aquella ciruela? Cuanto, pequeña.

Me cuesta escribir, pensar sobre ello me hace daño, no me gusta. No es que no me guste, pero es duro.

Cada día siento que te alejas, como una hija de papel flotando en el agua, atravesando las olas que se forman... que la arrastran hasta las profundidades.

Nunca sé si soy lo suficientemente fuerte para soportar todas las situaciones que se me ponen delante, pero soy consciente de que no soy yo sola la que tiene que afrontarlas.

¿Qué si me da pena? ¡Qué si odio el destino? Si, y por supuesto si. Nunca creí que la posibilidad de irse lejos me tocase tan pronto y tan cerca. No es a mí, pero como si lo fuese. Es una parte de mi. Es una de las tres.. cuatro partes más importantes en mi vida. Y se va, se va lejos por dos años con descansos cortos ¿Soportar? ¿Vivir?
Si cupiera en la maleta no me lo pensaba dos veces... Iba de cabeza.

Y aún así sigo sin saber como plasmar lo que... siento lo que me faltra, porque casi todo lo que me importa en la vida, es inexplicable, y como cosa inexplicable no se puede encerrar en un cúmulo de palabras. No es uan cosa que vayas a encontrar en las lineas o entre ellas. Es importante saber, saber que hay una parte que sigue aqui y saber que no se va.

Si, otra vez nos hemos olvidado de devolvernos los comics, si, otra vez nos hemos despedido, y parece que nos vamos a ver mañana, aunque creo que no será así. Todavía no noto la distancia, cosa que noto bastante a menudo, aún sigues aquí. Aquí ¿entiendes? Debería señalar el corazón. Señalo la cabeza.

Siempre estarás ahí, mi pequeña bola de arroz. No te puedo echar de menos... porque siempre vas conmigo. Siempre

miércoles, 22 de septiembre de 2010

Si lo supieras todo

Hay momentos en los que creo que no me queda nada por vivir, que ya me he visto en todas las situaciones embarazosas posibles y que ya he dicho muchas veces "esto no puede empeorar".

Claro que puede, no existe una regla matemática que indique el límite de empeoramiento de una situación o de un día entero.

Estoy en la facultad de los fantasmas. Ella fue primero y ahora te veo a ti. Te veo antes de tener que verte desde el principio. A veces incluso dudo de si me metí aquí solo por volver a verte.

Sé que parece paranoico, pero cada vez que lo pienso, la idea me recuerda más y más a aquella ratita sucia y rastrera que solía ser contigo, y cada vez me acuerdo más del sentimiento de culpa que me envolvió después, cuando nos volvimos adultos de pronto y todo cambió. Como despertar de un trance en el que todo te sale mal.

Ese fantasma, incluso te podría llegar a hacer sombra, porque, como casi todo lo que existe a tu alrededor, es más interactivo que tú. Derrocha energía, no tiene miedo a hacerlo. Parece mentira que teniendo un ejemplo tan claro de fuente de eléctricidad, tú sigas siendo como el mar calmado, hacienod una referencia estupenda a tus ojos electrificables.


No, es cierto, tus ojos no eran tan geniales como habíamos pensado, estaba tan ciega que hasta olvidé esa parte marrón en el centro. Cuiosamente raro.

Pero aquello... aquello eras tú con años de más, con el mismo polo verde, si, y tus pantalones marrones claro, de acuerdo, pero no eras tú.


¿Dónde estás tú, que hasta eres capaz de influir a distancia? Con un solo parecido... La voz, los gestos, los rasgos faciales, la cantidad de cosas que identifiqué iguales.

Y que haré cuando mis clases sean inundadas por esa voz calmada, tan peculiar, grave y a la vez aguda... Dime ¿Es que tu voz te averguenza? Sigo sin comprender nada...

Y aún habiendoseme pasado todo, sé que hay algo que no... Que todavía sigue ahí.

Es obvio lo que es, y a la vez no... Pero por muy idioa que resulte, me quedé sin saber qué eres en relación conmigo ¿Qué eres?

No sabes hablar, no sabes gesticular, tampoco sabes odiar, y no sabes abrirte, solo sabes incomunicarte.. Y debería haberte mandado a la mierda hace ya mucho. Y sigues ahí, en un ahí abstracto, en el que ya no recuerdo tu cara con nitidez, donde se me han olvidado la mayor parte de los momentos....

Yo... aprendí, aprendí de esto, pero todo se irá por el precipicio abajo cuando em veas en un pasillo y me reconozcas. Bastará un comentario en bajo a cualquier compañero para ganarme otra ves tu poca decencia.

Y dime... ¿Si tanto aprecio te debería tener, porque a veces cuando hablo solo em sale lo malo?

Tu presencia me agobia, agobia mi arte, mi trazo, mi pluma. Arruga mi papel e inunda mi cerebro con dudas, dudas no resueltas y que nunca se resolverán.

Cuatro año señorito, uno sin vernos, y de sopetón otros cuatro años... Sé que lo elegí yo, porque no pretendía que tú me frenaras, frenaras mi arte, mi bien más preciado, como ya hiciste durante mucho...


Y aún así a kilómetros de distancia... Enturbias mi mente. Aunque de una manera u otra, ese que está delante, no eres tú, porque tú, y como mucha osadía diré... amigo mio... Tú, eres un cobarde.

viernes, 17 de septiembre de 2010

Coger la pluma...

...y volver a escribir.

Alma estaba desanimada últimamente. Creía saber porque era, pero no llegué a realizar la pregunta.

A pesar de estar tantos años viviendo con ella, todavía no me atrevía a abrir la boca. Al fin y al cabo siempre era ella la que me hacía las preguntas. Yo observaba sentado desde el pasillo, la gran alfombra de color rojo, espesa, era un asiento cómodo. Ella se sentaba en el piano, adoptaba la postura de "El Pensador" y ponía cara de pena.

Era muy fotogénica en aquella postura, la fotografía era una de mis pocas pasiones, además de escuchar todas las historias que me contaba. Mientras intentaba llegar a una conclusión, alguien farfulló en francés, un susurro casi imperceptible. Alma se giró hacia la puerta, y vio mi rostro asomando por la abertura de luz.

Sonrió, y me invitó a pasar a la amplia sala de música. Aquel lugar, de paredes blancas, era uno de mis lugares favoritos de toda la casa, casa-mansión, era una casa de campo bastante grande, era difícil decantarse por una habitación concreta.

Juraría no haber visto a Ella en todo el día, debía de haberse metido en aquella habitación por la mañana. Ella vivía con nosotros desde hacía unos meses. Había cruzado toda la provincia y atravesado el lago a nado para escuchar las historias de Alma. Y ella la aceptó de buen grado. El único inconveniente es que sólo hablaba francés.


Alma adoptó de nuevo la postura, y decidió hablar en francés, para que Ella no tuviera problemas en entender lo que estaba contando.

-Vous savez pourquoi je suis un peu déprimée, non?(Sabéis por qué estoy un poco deprimida, ¿No?)- Ambos asentimos levemente.

-J'ai pensé que tandis qu'Ella était ici, les deux vous resteriez, mais déjà vous êtes plus grands, et il ne me devrait pas importer. D'avance elle vivait seul (Pensé que mientras Ella estuviera aquí, los dos os quedaríais, pero ya sois mayores, y no me debería importar. Antes vivía sola.)

-Ne te préoccupe pas- Ella, con sus grandes ojos verdes, miraba intensamente a quien había sido su compañera durante dos meses. Tenían una gran diferencia de edad, pero podía ver la admiración de Alma en sus ojos. Tenía muy claro que quería que ella fuera su sucesora, que aprendiera a contar historias-Nous te visiterons.

-Oui-añadí- No te vamos a dejar sola. Con todo lo que nos enseñaste, no podríamos.

-No nos atgevegiamos- Ella había aprendido, además de las artes que Alma le había enseñado, un poco de nuestro idioma, e intentaba hablarlo todo lo que podía, aunque no terminaba de entenderlo cuando le hablaban rápido.


Recuerdo con mucho cariño a Alma, hay demasiadas historias contadas, y demasiados momento vividos. Pero, últimamente no paro de pensar en todos los momentos que viví con ella y con Ella, sobre todo con... En fin, creo que lo que más me gustaría destacar son las numerosas tardes en las que el sonido del piano inundaba la casa y las noches en las que nos fuimos haciendo mayores conociendo historias cada vez más complejas.


Aunque sólo sean los recuerdos de un médico hablando de la persona que me dio a entender tanto en esta vida. Aunque su francés no fuera tan bueno como intentaba. Y aunque yo no sepa plasmar tan bien todo lo que me enseñó. Es el principio de un libro, escrito durante más de dos años, porque como ella decía: "Todo son lagunas, la vida va y viene, y las lagunas de poca inspiración sucedían a los momentos de gran creación artística y es en esos momentos en los que te tienes que sentar, cerrar los ojos e imaginar".

sábado, 31 de julio de 2010

Te das cuenta de lo que tienes cuando lo pierdes

Ayer fue domingo. No en el sentido especial de la palabra, cuando piensas que el mundo se te viene encima por el total aburrimiento que experimentas.
Lo cierto es que sí estaba aburrida, pero en lugar de coger la depresión de rigor, ponerme la “chaqueta de los domingos” que ayer se encontraba a una buena distancia de mí y ya sabes, lo de siempre, coger mi música, mi guitarra, tocar, cantar, sentirme flotar por encima de toda la vida, de la realidad. Soy mucho de eso, creo que lo sabes. Pero no, ayer no podía hacer nada de eso. Estoy en un lugar… donde conseguí internet el primer día y me puso eufórica, pero después perdí la conexión con el resto del mundo. Estoy en un lugar donde paso el día en la playa sin mucho más acompañamiento que mis primas pequeñas y cada año que vengo espero a que la mayor de ellas empiece a tener mi conciencia y mi mente, cosa que empiezo a catalogar como imposible. Y con la playa se desvanece la posibilidad de chaqueta y guitarra y canciones y todo. Lo más próximo sería el agua, con esa sensación envolvente, pero con lo fría que estaba ayer no me dio más tiempo que a darme un baño refrescante y volver a mi confortable toalla.
Fue en ese momento cuando recordé la inocencia de ser pequeña, y como acaba destruyéndose por la estupidez de algunos. Me descubrí echando de menos a una sombra, una sombra que siempre estaba en domingo y a la que siempre quise acercarme. Cuando éramos tan pequeños, nos llevábamos tan bien… Pero los adultos, los adultos son una especie a parte, incapaces de ver que una amistad tiene mucho de frágil. Por ser tú Rubén y yo Lucía, en definitiva por ser chico y chica y no amigos del mismo sexo como cabe esperar en las amistades de entre 12 y 16 años(al menos en mente de los adultos, siempre una mente TAN convencional), la madurez de los aproximados 40 años dio con la ocurrencia del noviazgo, y no paró hasta conseguir alejarnos, tú por timidez a que tu madre metiera baza en nuestra relación de amistad abriendo la boca para cubrirla de fantasías inapropiadas y yo por la poca gracia que todo aquello me hacía, viendo ya desde tan temprano como se deterioraba aquel hilo que habíamos tejido.
A medida que te ibas alejando yo no podía hacer más que recordar el día que te quedaste a dormir en casa de mi tía y yo iba a comer con ellos. Oía el ruido de la ducha, y cuando me dijeron que eras tú… Esperé con tranquilidad, con una de las perritas de mi tía en mi regazo y cuando noté que ibas a salir la puse en el suelo delante de la puerta. Saliste y te agachaste para recogerla, confiando en que la perrita había esperado para verte a ti. Y entonces salí yo, gritando ¡buuu!, consiguiendo asustarte. Casi sueltas la toalla que te tapaba, pero aún así, mirando primero por el pasillo por si mi tía espiaba, me abrazaste mientras me decías que esperara fuera mientras te vestías.
Lo cierto es que echo de menos aquellos días, veranos, esperaba a que fuera domingo solo para verte y sentir que había alguien aproximadamente de mi edad, que jugara conmigo. Y al principio no me hacía gracia ¿Te acuerdas cuando me ponía en la orilla con los pies orientados mar adentro? Nadabas con sigilo hasta conseguir agarrar mis tobillos y tirar de mí hasta llevarme a donde no daba pie. Sabías que gritaría, porque no sabía nadar, pero lo tenías todo controlado: en cuanto me sentía insegura tirabas de mí, hasta abrazarme y sujetarme bien, de manera que sabía que estaba a salvo.
No paro de pensar en que de aquella a veces pensaba que sí había algo más, o en su defecto, habríamos llegado a ser muy buenos amigos, en que habría tenido ganas de ir todo el verano, por verte.
Nadie sabe que pasó de verdad, quizás fueron ellos, quizás fue el crecer, o tus compañías. La última vez que te vi habías hecho un examen para entrar en la guardia civil, tu madre estaba muy emocionada, y ya adivinando me habías dicho al oído disimuladamente “xa che contará miña nai” mientras nos saludábamos de manera educada. Quise que entraras, en serio. Sabía que tanto tu madre como tu padre como tu hermano trabajaban en la fábrica de conservas, de la que mi tío, un hombre casi de negocios, de caprichos caros, cuyos descendientes replican de la pijería de Coruña sin tener idea del mundo, era el director, el mandamás. Tenía muy claro que ese no era tu sueño, sabía que querías escapar, que ser de la autoridad, guardando un edificio, siendo guardia civil, trabajando en la policía, escapabas de las garras de la tradición familiar que tan poco te gustaba, bueno simplemente no te hacía gracia, eso era todo.
No pudiste, las fauces de aquella fábrica acabaron atrapándote, y me hablaban de ti como si fueras la mejor opción para mí y para mi futuro, como un triunfador de la vida, salvador de esa familia. Ahora ni siquiera te nombran, como mucho mi prima la pequeña, por hacerme saber un poco de ti, del pasado de ti, de cuando aquella patada inocente por debajo de la mesa en su comunión. Quería que me sacaras a bailar, claro, porque eras el único de mi edad, pero mi tía ya se encargó de manifestar la opción en alto, y ya no quisiste.
No te nombran, porque ahora piensan que ya no eres lo suficientemente bueno, que no me merezco a alguien así. Ni como amigo ni como nada más.
Los adultos son así, ESOS adultos son así, dan asco, tiene prejuicios y son separativos. Me daba absolutamente igual que fueras un chico, un hombre, que trabajes, que seas peón en una fábrica o si eres guardia civil, que sigas viniendo todos los días con mis tíos o que vengas solo los domingos con tu hermano para ir todos en la lancha. Es que me daba igual, pero parece que cuantos más años tengas más razón tienes. Y eso, siento decir, mueve mucho más que toda la inocencia que podamos juntar entre los dos, aunque ahora ya es demasiado tarde.

viernes, 30 de abril de 2010

Si te digo que te quiero

Es hora de renovarse, de tentar a la suerte y dejar fluir palabras más claras, más importantes y adultas, es hora de crecer en el sentido literario. Sin fallos, ni faltas.

Analizando la situación todo aquello que dije en un principio no es cierto ¿Cómo podría ser cierto? Es la primera vez que hablo de esto. Al menos contigo.

El amor, el amor es esa sensación que hace que te sientas vivo, alegre, cálido y totalmente en las nubes. Te tomas la vida con filosofía, nada te puede salir mal, todo te arranca una sonrisa.

Claro que, ¿Solo el amor nos puede mantener en ese estado de éxtasis, de anestesia permanente, como si fueramos agua, que fluye, libre? Ese es el problema del amor, creemos que es todo lo que necesitamos para vivir, me refiero, las mujeres.

Nunca sentí esa falta de cariño, siempre he sido bastante propensa a pensar que el amor llegaría con los años, y que no debía preocuparme, que simplemente era la creación de un sentimiento, algo que lleva tiempo, tiempo porque tiende a la perfección y eso lleva esfuerzo. Quien quiera que esté ahí, escúchame: ese vacío lo hice yo, yo construí un hueco en mi corazón, para eliminar el fracaso otra vez. Si, a mi tampoco me salió nucna como creía que me iba a salir.

Se llama idealizar, y es una cualidad humana que nos incita a desarrollar en algo o en alguien la mejor opción para nosotros, lo "perfecto". Pero nadie es perfecto, por mucho que nos empeñemos en que exista algo que si lo sea.... ¿Por qué si no tendríamos la idea de perfecto en la cabeza? Nos planteaba Descartes, como uno de los argumentos claros de la existencia de Dios. Permítame señor filósofo decirle que la duda metódica no sirve en estos casos, que la mente ha evolucionado y que en vez de utilizar su método nos hemos dedicado a seguir a Marx y apostar porque el ser humano se dedica al trabajo, obviando las situaciones pensantes, en las que deducimos partes del mundo, de nuestra mente, del pensamiento humano y de cómo hemos llegado hasta aquí.

Soy una incompredida de mi tiempo, soy una mente de adulto encerrada en el cuerpo de una niña de 17 años, casi 18, rozando la mayoría de edad, como si en mi se intentase corroborar la teoria de la reminiscencia de Platón.

Es curioso, este blog nunca será conocido, es un blog entre filosófico y de ideología, que empieza con un tema y sin resolverlo, lleva a otro. O eso aparenta, seguimos con el análisis de la mente humana ¿Por qué a estas edades nos interesamos tan poco por la filosofía y por cómo funcionamos? Técnicamente somos casi adultos, deberíamos fomentar nuestra madurez, pero es el amor lo que nos hace volvernos insensatos, lo que nos hace cerrar los ojos a otras posibilidades de pensamiento.

Para mí el amor es olor a chocolate, sensación de vivir, pero es algo que nunca alcanzaré, nadie me busca como fin último de su existencia, no con esa intención. Mi mente grita, no para de gritar, que me aleje de ese sentimiento, que existen cosas más importantes, alarmantes, que el uso de la razón en el amor, es una capacidad que todavía no tengo, que debo esperar para no salir lastimada, de nuevo. En dos situaciones me revelé contra mi cerebro, y no le hice caso, y terminé fundiéndome durante un tiempo en la soledad ¿Cómo salir de esa asociación entre amor y dolor que Salinas presenta en La voz a ti debida? No en la gente, si te buscan, no en tu nombre si te llaman, o algo así. Quizás es si te nombran, en un intento de redundancia.

Tendría que aparacer alguien que consiguiera alejar ese dolor del amor, alguien que me provocara sentirme en las nubes, alguien que me ayude a sentir la sensación de flotar. Perdona, está siendo un monólogo, cuando a esto se le debería llamar conversación.

-No, simplemente no me gusta interrumpir tus deducciones en alto, me gusta seguirlas, también me hacen reflexionar. Si te digo que te quiero ¿Cambiaría tu opinión del amor? Y deja a Descartes, Platón y Salinas, que aunque no es filósofo, sabía de tema; fuera de tu respuesta y tu razonamiento lógico. El amor no es lógica, no es números, ni matemáticas, simplemente ocurre y no ocurre siempre en la smismas circunstancias, ni siempre es la misma situación, ni relación. No es como sumar dos más dos, no es así de simple. Es un juego complicado, de esos que te gustan.

-Pero es complicado, y eso implica que hay errores, fallos, está incompleto y nos lleva a error como...

-Nada de hablar de Hume y su teoría costumbrista. El amor, es amor y punto. No tienen ciencia, no tiene pensamiento, solo es dejarse llevar, y es lo que le falta a esa cabeza, eliminar el miedo a alejarse de la razon y vivir con el corazón.

-Si me besas....

-Lo haré, pero primero debes prometerme que ni Descartes, ni Hume, ni Platón, ni ningún filósofo en toda la historia de la humanidad, excepto tú estará en esa cabeza cuando lo haga.

- Si me besas, lo único que habrá en mi cabeza, serás tú.

-Eso... Es el amor.

domingo, 11 de abril de 2010

La sombra...

Nada te conté de aquello. Nunca, cielo. Estoy cansada de ocultarselo todo a Elle. Estoy cansada de rezar al cielo, cariño.

Elle necesita a su padre, y yo no sé donde estás. No quiero que odie a quien le dio la vida en parte, pero ya no sé que decirle para que entienda que lo hiciste por nuestro bien.

Me estoy haciendo vieja, ya no tengo las mismas facultades como en aquella conversación bajo la nieve, ya no somos los mismos, pero yo sigo necesitándote, sigo precisando ese aire que impedía que me ahogara.

Yo... Quisiera pensar que te fuiste tal y como dijiste, y que no me mintieras cuando depositaste el último beso sobre mis labios y me prometiste que volverías porque me querías.

Esperé, te esperé durante años pero aún no has vuelto. Yo... Quisiera decir que hice lo que me dijiste, que me hice fuerte por las dos, y que guié a Elle para que se convirtiera en una chica tan lista como su madre, sagaz, sediente de dudas. No lo conseguí, lo siento, pero no fui capaz.

Elle creció dentro de un ambiente alocado y desobediente, donde reinaba el caos y el odio. Se revolvía entre la bondad y el cariño, intentaba escapar de todo aquello. Pasaba noches fuera, y cuando volvía ni se molestaba en dar explicaciones, yo tampoco se las pedía.

Nunca le expliqué porque la llamamos Isabelle y sin embargo usabamos siempre el diminutivo Elle, ella... Ella... Esperaba que algún día se acercara a la biblioteca para averiguarlo. Me siento perdida, sin salida.

Creo que... Creo que nunca podré perdonarme haberte dejado marchar, pero aquellos ojos que yo dibujaba a través de los cristales oscuros de tus gafas, aquellos ojos que imitaban la miel aquellos que me observaban a mi y a nuestra pequeña Elle mientras se alejaban en el caluroso verano me dejaron incapacitada para decir simplemente te quiero y resignarme, anestesiada por tu candidez, a dejarte marchar.

Hoy la dejaré sola, espero que puedas perdonarme. Pero yo no puedo enseñarle nada más, y tú no estás aqui para verme marchar esta vez. Lo siento, de verdad lo siento.

Me voy con el rumor ...del viento.

jueves, 1 de abril de 2010

Puto abril

Sé que no es fácil pequeña. Ya lo sé. Déjame que te cuente una historia.

¿Recuerdas la nieve? Recuerdas aquella historia ¿verdad? La culpa es mía por habertela contado. Tengo que disculparme hija, no te conté la verdad.

Elle, Elle cielo, sé que no quieres hablar conmigo, pero escúchala, aunque no contestes.

Lo primero que deberías saber es que es uno de mis preciados tesoros, y que todo fue mentira. Los árboles, los copos de nieve, el primero al último, todo, fue mentira.

Perdona si no quise decírtelo, pero el final era demasiado duro para contártelo. Yo... Él... No fue así, nunca lo sería.

Verás, hay veces que la gente se equivoca, se equivoca mucho. Se supone que hay que saber perdonar... Pero aquello, aquello parecía no tener solución.

Sé que no entiendes nada cariño, pero debo decirlo. Yo... No tenía porqué haberlo hecho, yo también soy demasiado buena. Pero lo hice, y me arrepentiré toda la vida.

Le llamé, Elle, y fue un error. El último momento había sido bonito, sin mentiras, puro. Pero después quise llamar, a pesar de saber que no debía hacerlo, pero necesitaba llamar.

La conversación tampoco mejoró la llamada, una vez cometes un fallo, la lógica te impulsa a seguirlo.

Sé que él me seguía queriendo, lo sabía, pero mi corazón no atendía a razones, se había roto. Había conseguido hacerme sentir peor. Me creí morir, había fallado. Yo, había fallado. Intenté mantenerme firme en aquella palabra "idiota" dicha con total cariño, el cariño con total siceridad.

Todavía no sé porqué empecé a marcar, supongo que solo quería oir su voz, pero oir su voz suponía arriesgarse a un grito o a una mala contestación. Casi la tuve. Tampoco sé porqué te lo cuento ahora, a través de esta puerta, no siquiera sé si me escucharás con tanto ruido que tienes en la cabeza. Supongo que sé que esta es la única manera de decir las cosas sin decirlas del todo.

Elle... cuando quieres a alguien haces las mayores estupideces del mundo, lo que te convierte en idiota. A veces crees haber hecho mal, la vida te enseña a realizar buenas acciones, y a rechazar ciertas actitudes.


Todavía no sé si aquello fue bueno o malo, si realmente hice tan mal como yo creía que había hecho justo después de que colgara sin escuchar mi despedida. Solo sé que en el momento de la llamada entendí que aquellas dos semanas eran en compensación a lo que me esperaba después: el silencio. No eterno, por supuesto, que tontería, y aunque le mentí y le dije que sería capaz de vivir un par de días con aquello... Ambos sabíamos que fue la mentira más grande de la historia, y que no lo soportaría. Después de escuchar aquella voz, no.

Simplemente Elle, rezo. Rezo por que algún día yo madure, siendo tan mayor como soy. Rezo, porque creo que algún día me escuchará, rezo porque alguien me proteja del infierno y rezo porque no creo en Dios. Rezo por pegarme pronto.